sábado, 1 de marzo de 2014

SEGUIMOS CON LOS INCAUTOS


Después de la caída de DMG y el debacle económico que ello significó en algunos municipios del sur del país, los colombianos en general entendimos que hay mercado para todos incluso para los delincuentes más osados.
Si bien es cierto el ESQUEMA PONZI o PIRAMIDES no es nuevo y ha sido usado por muchos para desestabilizar la confianza del mercado financiero de varios países, también ha servido para medir la ingenuidad de la población y la capacidad de hacer dinero fácil.

Al referirme a la ingenuidad de la población o de la ciudadanía en general, estoy hablando de la confianza que tenemos hacia el otro, cuando entregamos cualquier cantidad de dinero para que éste sea supuestamente multiplicado en proporciones y en tiempo no contempladas en el mercado financiero; dinero que generalmente no sobra y la mayoría de los casos es el producto de muchos años de esfuerzo; es decir, las pirámides están construidas por patrimonios individuales de trabajo.
Particularmente la ingenuidad no obedece a una clase social determinada, nivel de estudio o región específica; pues hemos observado y sorprendido al conocer que las mayores pérdidas morales y económicas han afectado a la población en general. El delito económico curiosamente no discrimina.

El otro punto de vista para seguir perdiendo dinero en las Pirámides o esquemas Ponzi se basa en los deseos fervientes de hacer dinero fácil y en corto tiempo, demostrando entonces que la creatividad no solo está en los negocios lícitos; la creatividad también acompaña a los delincuente capaces de crear compañías de papel, sin sedes físicas ubicables, falsos NITs o RUTs y con nombres similares para de confundir a los incautos
Sin embargo en éste segundo grupo podemos ubicar a los que fervientemente van más allá de posicionar los ahorros de toda una vida en una posible inversión; en este segundo grupo ubicamos los que aún a sabiendas del enorme riesgo que corren y de la ilegalidad que los acompaña sólo desean multiplicar el dinero a toda costa.

Es así como la confianza no está basada en el comportamiento netamente financiero, creado por la cultura del análisis o estudio previo de las opciones de inversión; tal comportamiento está basado más bien en el instinto de crear riqueza inmediata; es decir que nos puede más la avaricia que la inteligencia aun sabiendo que la posibilidad de pérdida es alta.

El fraude y lavado de activos requiere de dos partes o como lo decimos los expertos, los delitos financieros requieren contrapartes; la primera, la que genera el delito y la otra quien lo conoce, lo acepta como parte de la cultura e incluso lo patrocina como los ¨inversionistas¨ del esquema PONZI o PIRÁMIDES. Entonces, quien tiene la PIRÁMIDE y quien entrega el dinero con la esperanza de acrecentar su patrimonio individual son responsables de delito.

Los escándalos financieros de los últimos años nos han demostrado que las leyes en Colombia se quedan cortas frente a la complejidad de los delitos económicos; sin embargo el Gobierno en general no ha bajado la guardia y han creado diferentes estrategias para evitar que la historia se repita; las campañas en los medios de comunicación que el Gobiernos y en el sector privado a diario promulgan pretenden no dar tregua a los delincuentes, pero éstos esfuerzos se ven opacados por la ingenuidad de unos y la avaricia de muchos.

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