lunes, 10 de agosto de 2015

La extraña fascinación por el Fraude

Así como tantas inclinaciones que caracterizan la conducta del ser humano, vivir del fraude como autor y creador hace parte del subterráneo mundo del comportamiento personal que ha sido estudiado por psicólogos forenses con el ánimo de esclarecer por que las tendencias fraudulentas ejercen una extraña fascinación en el ser humano.

El triángulo del fraude describe con propiedad los tres elementos que componen un fraude y que cualquier combinación de ellos es la semilla de las más tortuosas experiencias empresariales. La oportunidad, racionalización y el incentivo o presión no están solos; generalmente estas tres circunstancias o elemento se cuecen con otros ingredientes que dan más sabor al comportamiento de quien vive del fraude tales como: la deslealtad, la intención, el conocimiento, y la mala conducta.

Pero más allá de la investigación individual del comportamiento de quien comete un fraude, está la marcada propensión de la población en general donde solo el 10% está plenamente convencido de la no comisión de un fraude por encima de las circunstancias de presión, oportunidad o racionalización. De otro lado de la propensión a cometer un fraude se encuentra el 10% de la población que está monitoreando permanente la oportunidad para hacer cualquier tipo de abuso; donde la profesión, la educación y la clase económica no importan, y la fascinación por cometer el fraude es la adrenalina de todos los días. Así entonces queda el 80% de la población que puede verse involucrado en una actividad ilegal a pesar de su convicción, ética y moral.

Un perpetrador nato busca constantemente como sacar el mejor provecho de cada situación, incluso traspasando las barreras de la confianza y la dignidad ajena. Ese pequeño grupo de la población que vive del fraude, para el fraude y disfruta las ilegales ganancias de sus oscuros actos, están diseminados en las empresas y camuflados entre los empleados como uno más. Algunos son infinitamente leales y cautivadores a tal punto que su vida personal pasa a segundo plano sin importar el impacto que genere en sus familias, el descanso o las incapacidades laborales. Son sigilosos, escurridizos y codiciosos. Altamente inteligentes, recursivos y creativos. Capaces de convencer a propios y extraños con su discurso retorico y elegante que denota pulcritud moral y religiosa para esconder de alguna forma sus comportamientos desbordados y la segmentación de sus vidas.

Otros por el contrario son simples y aparentemente humildes de corazón que escondidos detrás de cualquier culto religioso o político crean las artimañas para desfalcar las empresas peso tras peso. A veces pesimistas y de bajo perfil pasan desapercibidos entre la población empresarial, incluso inspirando lástima por los eventos catastróficos de sus vidas. Poco a poco se ganan la confianza de sus allegados laborales para crear el ambiente perfecto de abuso y fraude.

Tantos los unos como los otros están camuflados entre la lealtad absoluta, son carentes de dignidad y crean la tecnocracia suficiente para esconder sus actos mientras incrementan su patrimonio o sostienen la segmentación de sus vidas. La irreverencia y el desafío moral los incentivan cada mañana a continuar con la imparable obra teatral financiera a tal punto que agradecen al ser descubiertos, dado que admiten la fascinación de cometer el fraude y la incapacidad de parar el abuso por ellos mismos.


Los programas de prevención de fraude y en general de los delitos económicos deben estar enfocados para proteger los activos de la corporación pero principalmente para crear la cultura y el ambiente corporativo de cero tolerancia a cualquier manifestación de fraude o lavado de activos. Así mismo, los programas de prevención son la brújula que nortea las corporaciones bajo un esquema de gobierno corporativo totalmente transparente y es el mejor método de disuasión para cualquier perpetrador.  Empresas exitosas y transparentes tiraron la bola de cristal para tomar las riendas de los negocios admitiendo que la perpetuidad de la empresa se construye hoy en un ambiente de total control. 

Esos pequeños Fraudes…

Hablar de fraude no es simple por muchas razones. La primera, porque puede ser un tema cotidiano que se confunde en muchas ocasiones con el avispamiento y viveza que nuestra alcurnia. Segundo, porque para muchos el fraude solo ocurre en las urnas de votaciones o en las grandes corporaciones donde se cuecen los grandes descalabros económicos y se ha negociado incluso todo un país. Habrán muchas más razones para encontrar pocos adeptos a la prevención,  investigación y estudio de un tema que tiene en vilo a muchos empresarios y que hoy por hoy se hace necesario el despertar social para encarar a quienes poco a poco o de a mucho han desfalcado nuestra economía.

Los fraudes no tienen tamaño; es decir no hay fraudes pequeños, medianos o grandes. Los fraudes son fraudes y son sus impactos y pérdidas los que son medibles en cifras económicas o las que determinan la gravedad de la falta o la violación de la ética y la moral. El fraude como tal está inmerso o escondido en cualquier área de nuestra sociedad, obviamente son las empresas las que hasta el momento están adoptando medidas de prevención para mitigar de alguna manera este riesgo; sin embargo todos los días vemos como se quebrantan las normas de los eventos más absurdos como hacer una fila o esperar el cambio del semáforo. En estos casos, es posible que dicho comportamiento no tenga impactos o pérdidas medibles, pero de alguna forma el mero intento deshonesto por obtener provecho indebido de otra persona o situación incluso sin generación de delito es fraude.

De ahí que el Fraude como fenómeno social no siempre se basa en la apropiación indebida del dinero, también el uso indebido de los activos empresariales hacen parte tan nefasto fenómeno corporativo,  donde en muchas ocasiones el cálculo del fraude es difícil de realizar. De ahí que quien toma dinero prestado de la caja menor para sus gastos personales en la semana está incurriendo en el mismo acto de fraude que quien tomó el dinero de todos los inversionistas y lo escondió en paraísos fiscales. Obviamente el impacto de las pérdidas es totalmente diferente en ambos casos debido al alcance, el método y el monto.

Los medios de comunicación han ayudado a socializar los fraudes más elaborados de nuestro país, donde los entramados empresariales, transacciones internacionales e incrementos patrimoniales se destacan entre las características más típicas de este tipo eventos. Sin embargo y con dolor, en muchas ocasiones, la totalidad del fraude o las consecuencias del mismo son imposibles de calcular, aún con los mejores y más diestros equipos forenses. Así mismo, la mayoría de los fraudes que son descubiertos no son denunciados y mucho menos son informados a la sociedad con el ánimo de evitar que el perpetrador continúe con su práctica corrosiva. También la vergüenza y el dolor de quienes son las victimas evitan los denuncios para que otra entidad caiga en los mismos errores.


Los mal llamados pequeños fraudes se cometen todos los días en las empresas y por ende en nuestra sociedad, con el agravante que en la mayoría de los eventos las pérdidas son incalculables. Esos pequeños perpetradores que de peso en peso incrementan su patrimonio a costa de los socios de las empresas, y que para ellos su comportamiento tiene un sentido y explicación, viven en el eterno anonimato legal a pesar que a nivel social son reconocidos y en ciertos casos elogiados por sus patrañas. El fraude es fraude y no tiene tamaño; lo que se mide son las consecuencias económicas o la gravedad de la violación a la norma, ética o moral.

jueves, 30 de julio de 2015

Curso Internacional: Gestión del Riesgo de Fraude

Auditool se ha destacado entre los profesionales de las áreas contables, tributarias y auditorias por el contenido y la calidad de las herramientas, blogs y artículos que a diario nos proporcionan.
Como colaboradora de tan maravilloso  grupo y excepcional website, hoy deseo invitarlos a participar en el próximo curso sobre prevención de Fraude.
Si bien es cierto, las empresas crecen igual que la economía, en muchas ocasiones olvidamos que los delitos económicos tocan las puertas y rondan las esquinas de las compañías en búsqueda de la menor oportunidad para entrar y desestabilizar el patrimonio de los accionistas o socios.
La prevención de los delitos económicos permite el cuidado de los activos y tomar el control de las políticas antifraude y lavado de dinero y así evitar pérdidas económicas que en muchos casos pueden ser incalculables.
Los invito a participar en este curso, a tomar las herramientas que allí estaremos entregando, a discutir con nosotros los casos o sus casos, y a crecer como profesionales pero ante todo como seres humanos.
Toda la información puede ser consultada en el siguiente link y siempre serán bienvenidos:
http://www.auditool.org/blog/fraude/3464-seminario-presencial-gestion-del-riesgo-de-fraude
Gracias y bendiciones

miércoles, 17 de junio de 2015

Ceguera Intencional

Hablar de Fraude no es fácil simple, y menos para aquellos que todos los días se enfrentan cara a cara con los perpetradores y aún se sorprende de los nuevos complejos esquemas y entramados que aparecen en cada descalabro económico. Los perpetradores y sus secuaces  cada vez son más ingeniosos, prácticos e inteligentes a tal punto que han sobre pasado el límite de lo racional para construir en pocos años tejidos económicos fraudulentos  fundamentados en los vacíos de la ley tanto nacional como internacional.

Así mismo, los investigadores y auditores forenses quienes enfrentan a los responsables de otros tipos de fraudes corporativos son testigos fieles del crecimiento de este tipo de comportamientos que desafortunadamente se desencadenan en un amplio espectro de delitos económicos. Sin embargo, el análisis del perpetrador y su conducta en el triángulo del fraude es apenas una parte del problema porque donde hay un defraudador siempre habrá un afectado o grupo de afectados.

El mayor porcentaje de los fraudes se realiza a espaldas de la víctima, obviamente sin su conocimiento ni consentimiento. Sin embargo, una pequeña proporción de empresarios son conocedores de las actividades criminales de alguno de sus empleados y asumen el riesgo a tal punto que aceptan distribuir entre sus asociados y el perpetrador el fruto de sus ganancias. Aunque este concepto se sale de todo esquema de seguridad y administración de riesgos, para esta clase de empresarios el negocio debe generar utilidades para ambas partes, es decir ellos conviven con el delito a diario.

La actitud férrea e inquebrantable frente al fraude es uno de los pilares fundamentales de prevención frente a los delitos económicos. Sin embargo e infortunadamente convivir con el fraude se convirtió en casi una costumbre que se esconde debajo del tapete. La indiferencia, irresponsabilidad y permisividad por parte de la administración alimentan el espíritu defraudador de quien a diario desafía como quebrantar el escaso control. La ignorancia irracional, incredulidad y mediocridad por parte de los gerentes, administradores y propietarios alimentan el ego y el bolsillo de aquellos que buscan entre los bienes ajenos su calidad de vida y futuro económico. De ahí que la incompetencia empresarial y la deshonestidad se convierten en el factor común de los que son evasores fiscales y malos clientes, dado que pretenden recuperar lo perdido sacrificando el pago de los impuestos y sus proveedores.

El término CEGUERA INTENCIONAL o IRRESPONSABLE fue creado por los juristas en los casos donde la indiferencia a propósito o el conocimiento previo de los hechos eran comunes en la comisión de delitos económicos como fraude o lavado de dinero. Pero más allá del término jurídico y las implicaciones penales, la ceguera intencional obedece a un comportamiento totalmente indiferente e irresponsable de los representantes legales, administradores y gerentes que conocedores de las prácticas delincuenciales incurridas en la entidad no actúan para proteger los recursos corporativos y por el contrario guardan total silencio frente a este tipo de hechos permitiendo que el perpetrador acrecenté su patrimonio económico desangrando la empresa cada día.

La coherencia y congruencia entre el pensar, decir y hacer son los más fuertes mecanismos de disuasión frente a los delitos económicos en una entidad, y dicha congruencia se logra con el diseño e implementación del Gobierno Corporativo. Un buen  Gobierno Corporativo contribuye al logro de los objetivos de estabilidad, seguridad y confianza empresarial enmarcados en un ambiente de control del riesgo sobre los delitos contra el patrimonio económicos que favorece el incremento de la competitividad, expansión y perpetuidad del negocio. Igualmente, el Gobierno Corporativo regula las relaciones entre los accionistas, administradores, empleados, proveedores, clientes y demás usuarios de la empresa fomentando un ambiente de transparencia y cero tolerancia ante cualquier comportamiento o evento que conlleve a la comisión de un delito económico. Así las cosas, la concientización, sensibilización, el control y la administración del riesgo de fraude promueve bajo todo punto de vista la continuidad empresarial.


Tener la convicción firme y la conciencia necesaria para no dejarse tentar es una tarea individual de todos los días que involucra los valores, la ética y la moral. Un defraudador no ataca a una sola compañía, ni lo hace una sola vez. Para un defraudador, su estilo de vida debe ser sostenido con los ingresos ajenos y su ego alimentado con el desafío de romper los límites. Denuncie.

¿Cuántos Robín Hood tiene usted en su empresa?

Para muchos Robín Hood es un personaje histórico catalogado como héroe por su gran corazón y osadía al enfrentar y confrontar a la clase burguesa de aquel entonces robando sus propiedades para después distribuirlas entre los más pobres y oprimidos. Su pasado se remonta a la vieja Inglaterra entre 1200 y 1300 como uno de los mejores arqueros de la época destacado por astucia y coraje. Aunque pareciera que esta historia se alineará más con el pensamiento altruista guerrillero de hace 54 años, hoy en día en muchas corporaciones, empresas y entidades de todos los tamaños se promulga bajo la mesa y entre algunos perpetradores la teoría de robarle al rico para el bien de los pobres empleados,  defendiendo así la actividad criminal por la cual  fue famoso Robín Hood. Es decir, el fin hace la causa, la legaliza y la distribuye.

Hacer y mantener una empresa en Colombia o en cualquier ciudad del mundo es un riesgo que conlleva a altos costos e inversiones. Los impuestos son los primeros que ocupan la escala de lo que un emprendedor debe destinar de su patrimonio para pagar al Estado por el funcionamiento de la empresa; de ahí todo lo relacionado con el factor humano y la mano de obra como salarios, prestaciones sociales y seguridad social entre otros, ocupan otra línea tan importante y comprometedora como los impuestos mismos. Las inversiones en propiedad, planta y equipo no se pueden aplazar y por ende hacen parte de lo que un empresario debe invertir para producir; y por último el abastecimiento de materiales, sin los cuales no existe el producto que al final del proceso es el resultado de todo el esfuerzo emprendedor de alguien quien un día decidió asumir el riesgo de mercado, financiero, laboral, reputacional y operacional. Es decir que la actual radiografía de cómo hacerse empresario en Colombia es más desalentadora que siempre y hoy debemos aplaudir y animar a aquellos que obsesionados y confiados en los buenos resultados abren las puertas de  nuevas empresas para crear empleo y alimentar el PIB colombiano.

Sin embargo, no todo es alegría en la fiesta de apertura de un emprendedor, dado que infortunadamente una pequeña porción del factor humano que contrate será quien desangre el 5% de sus ingresos para distribuirlos entre los que Robín Hood llamaría oprimidos laborales. Para ser más clara, uno de los procesos de Fraude que hoy está reinando en las corporaciones va más allá del enriquecimiento ilícito personal por medio de la apropiación indebida de los recursos empresariales para ser repartidos entre aquellos que de alguna manera no están de acuerdo con el sistema laboral que comparten a diario; sin saber que así se está comprometiendo la moral y la ética a través de la compra desapercibida de conciencias.

Como Robín Hood, quien rechazó la ley de aquel entonces y se refugió en campos cercanos a la ciudad principal para despojar a los comerciantes que transitaban en esos caminos con sus mercancías; muchos empleados despojados de moral y quienes hacen parte de la nómina llamada de manejo y confianza, hoy se refugian en sus oficinas para de acaparar ilegítimamente las riquezas de quienes son o han sido por años sus jefes o incluso los que han depositado en dichos empleados toda su confianza tanto empresarial, laboral y personal. 
De ahí que el fraude como fenómeno económico, social y organizacional es cualquier acto u omisión de naturaleza dolosa y por tanto de mala fe, o de negligencia grave que galopa en muchos escritorios y cubículos corporativos. De hecho, el fraude puede clasificarse como felonía o mala conducta criminal sin importar que su resultado sea distribuido entre los más desvalidos de una compañía o entre aquellos que por su propia naturaleza no ganan los salarios que pretender merecer.

Es por ello que Robín Hood es el típico ejemplo de lo que hoy llamamos perpetrador. Aunque el fraude es un comportamiento individual enmarcado en 
actividades y/o acciones con el propósito de enriquecimiento personal a través del uso inapropiado o la sustracción de recursos y/o activos de una organización por parte de una persona o grupo de personas, hoy dicho comportamiento es de carácter colectivo. Este tipo de situaciones se representan en empleados con autonomía en la administración de algunos recursos empresariales, los cuales a través de algunos años se han estado enriqueciendo con el uso indebido de los  dineros obtenidos de las actividades propias del objeto social de la compañía, como también de algunos recursos que hacen parte de los fondos de apoyo y ahorro creado para los mismos empleados. Es decir, fraude es cualquier acto ilegal caracterizado por el engaño, el ocultamiento o la violación de la confianza de quien tiene la información y/o administra los recursos, pero en este caso específico, la distribución de lo obtenido se hace con el único pretexto de distribuir la vergüenza entre aquellos que ganan menos desangrando a los que ganan más.

Los diferentes mecanismos para estimular la cultura del ahorro entre los empleados por medio de fondos de empleados o figuras similares no son nuevos en las empresas colombianas. De hecho, muchas entidades y conglomerados gozan de estructurados fondos de empleados responsables del exitoso progreso y estabilidad económica de sus empleados. Sin embargo, para muchos empresarios es visto con normalidad el manejo de los ahorros de sus empleados en fondos no legalizados, administrados con incipientes normas y escaso control. Es decir, que el ahorro solidario y colectivo no habilitado como fondo de empleados se convierte en la caja menor de quien lo administra, lo disfruta y lo distribuye entre aquellos que por diferentes causas llevan el lastre de las malas decisiones económicas.

¿Cuántos empleados tiene usted en su empresa con la capacidad de acaparar los recursos económicos de varias fuentes? ¿Cuántos empleados tiene usted en posiciones laborales donde los recursos no están siendo controlados? ¿Quién controla y audita los fondos de ahorro y apoyo creados para ayudar a todos los empleados de la empresa? ¿Cómo asegura usted que las pérdidas de su empresa no obedecen a la distribución de dinero entre varios empleados? Recuerde que los fraudes son perpetrados por individuos para obtener dinero, propiedades o servicios, evitar pagos o pérdida de servicios o asegurar una ventaja personal o del negocio
, así como Robín Hood lo hizo en su momento.


Los fondos de empleados son la mejor opción para brindar calidad de vida a los empleados y desligar a las empresas de la responsabilidad económica de la administración de recursos que no hacen parte de su actividad comercial. Así mismo, la legalización de los fondos de empleados evita y disuade a sus administradores en la comisión de 
cualquier uso indebido de los dineros para uso personal y colectivo. ¿Cuántos Robín Hood tiene usted en su empresa?